En su ardua lucha por el progreso en España, uno de sus líderes, José Luis Carod, mostró la semana pasada en Lausana, frente al presidente del COI, la firme determinación de los nazionalsocialistas españoles por que el deporte mundial también se atenga a las pautas del Progreso.
El proyecto promovido por nuestro Chiquito de Perpiñán, Carod, consiste en desarrollar una competición dependiente del COI donde participarían ‘países sin Estado’. El nombre del invento: Juegos Países Deportivos Open, sutil eufemismo para denominar a las Olimpiadas del Progreso.
Fijémonos cómo en la Cataluña del progreso, hasta supuestos diarios deportivos desprenden la pestilencia propia del nazionalsocialismo dirigente. El diario Sport nos cuenta que Cataluña ha decidido promover un nuevo escenario donde encauzar sus ambiciones deportivas y la de otros territorios sin estado. Como podemos apreciar en la redacción de la noticia, esta idea -que cuenta con el rechazo del ultranazionalista Arturo Mas- se presupone apoyada por Cataluña toda, sin discusión. Además, habla de ‘territorios sin Estado’, que debe ser algún atolón en el Pacífico o similar.
Asimismo, añade que la primera edición podría celebrarse en Barcelona en 2010, estarían Escocia, Estonia, Gales o alguno de los 53 ‘países deportivos’ identificados. Habrá que suponer que esa identificación queda sujeta a nuevas identificaciones, puesto que la sombra del fascismo es muy alargada y es de esperar que cada vez haya más países deportivos surgidos de todo tipo de pajas mentales.
Frente a los delirios del nazionalsocialista José Luis Carod, hay que decir, en primer lugar, que Cataluña no es un país. Aceptar le retórica nazionalsocialista, aunque resulta imprescindible para alcanzar el progreso, implica sumergirse en una maraña de conceptos interpretados de manera libre y que sólo sirven de base para estructurar realidades ideadas desde la propia propaganda del poder. Países sin Estado, realidades nacionales, comunidades nacionales, países no soberanos… todo es mierda del mismo estercolero.
Ahondando dentro de ese contubernio semántico, reflejo fiel de realidades diseñadas a espaldas de la realidad misma, la comunidad gitana creó hace poco el país de los Gitanos, Sem Romengo, y es ya serio aspirante a poder participar, junto a nazionalistas catalanes, nazionalistas vascos, palestinos, kurdos, saharauis y demás hierbas, en las Olimpiadas del Progreso defendidas por José Luis Carod.
Mientras la comunidad deportiva internacional continúa su tarea de identificación de nuevos engendros apátridas que puedan participar dentro de este happening propagandístico, los promotores de las Olimpiadas del Progreso deberán también delimitar las disciplinas de competición. A pesar de que el COI establece qué deportes son los oficiales, una institución como ésta, que durante décadas se ha negado al reconocimiento de países como el catalán, es por tanto una organización represora y fascista, con lo que la aprobación de nuevas especialidades deportivas, más acordes a la idiosincrasia progresista de estos territorios sin Estado pero con país, será algo más que probable.
Hace pocos meses, el gobierno nazionalsocialista vascongado resolvió promocionar en las escuelas los verdaderos deportes nazionalistas vascos, conocidos como Herri-Decathlon, con la idea de asentar en la población una cultura deportiva aniquilada por la despiadada y maquiavélica maquinaria fascista. No sería de extrañar que alguna de estas disciplinas fuera incorporada al acervo olímpico del Progreso.
La variedad de disciplinas deportivas que podrían ser practicadas en estas nuevas Olimpiadas -presuponiendo que muchas de ellas serán aprobadas desde el mayor de los respetos a unas culturas que han sufrido una horrible e inimaginable represión, que se extiende desde hace ya demasiados siglos- invitan a la esperanza para quienes soñamos con un progreso total a nivel planetario.
En las competiciones hípicas se podrán incluir pruebas de doma del burro catalán o las carreras de dromedarios. Podremos ver ejercicios de patinaje artístico desarrollados sobre el aurresku o la sardana, disfrutar de una contrarreloj en pista cubierta de flagonetas con melones, emocionarnos con atletas kurdos y palestinos lanzando piedras, … Y de paso aprovechar para reivindicar la discriminación del caballito de mar, un deportista sin deporte.
La comunidad progresista debe dar respuesta a todo este tipo de inquietudes estrictamente deportivas, porque, como bien dice el ultra José Luis Carod, los países deportivos, correspondientes a países no soberanos, son una realidad creciente en un mundo cada día más interrelacionado. Leyendo esto queda claro que el aumento de interrelaciones a nivel mundial hace que la realidad crezca. Por lo que se explica por sí mismo que si un país es deportivo y no soberano, a pesar de ser, evidentemente, un país, no puede competir internacionalmente como un país, debido a las susodichas interrelaciones de la realidad.





Esta asociación apoyada pública y notoriamente por el Barca y su presidente, Juan Laporta





del PP para llamarles mentirosos en recuerdo al 11 m. Pásalo“.