Quedaban pocos minutos para el comienzo de las clases y Jaimito lucía ataviado en su traje de luces, con su montera puesta y su capote ensortijado sobre el estoque que llevaba en su mano derecha, como acostumbraba siempre que acudía a su centro de instrucción progresista.
Admirado por sus compañeros, Jaimito penetró en la escuela, una antigua caballeriza reconvertida en establo-escuela, adecuadamente rediseñada para servir a los fines de una enseñanza de calidad y socialista.
El sistema educativo que actualmente se disfrutaba en el Estado Plurinacional Fraccionario y Solidario, antiguamente conocido por España, era un calco progresista del modo de enseñanza yihadista. El plan de estudios, de forma parecida a como ocurría en las madrassas talibanes, se estructuraba en torno a 40 horas semanales de la asignatura de Conocimiento Progresista, así como un par de horas de Vudú y Santería tribal, aderezando tanta erudición con una hora semanal de Matemáticas Financieras -centradas en el estudio de comisiones y sobornos.
Esta novedosa forma de entender la pedagogía fue introducida en el multipaís ibérico poco después de que el Rey Felipe se convirtiera en monja y abdicara en el presidente Sandalio, quien rápidamente proclamó la III República y se declaró rey vitalicio y fundador de la dinastía rectal de los Sandalios. A partir de entonces los establos-escuela se convirtieron en el mayor reto de un gobierno obsesionado con alcanzar un grado inimaginable en la calidad de la enseñanza plurinacional.
Al entrar Jaimito en su aula, gritó sin duda: ¡arriba España! ¡Arriba siempre! Sus compañeros, puestos en pie, comenzaron a aplaudirle. Incluso su maestro, despistado mientras fumaba de su pipa de crack, paró de fumar para dedicarle un breve aplauso. Jaimito, único alumno del centro que se reconocía de nacionalidad española, sabía del aura de superioridad que su condición le reportaba, gozando del respeto y veneración de palurdos periféricos y progresistas varios.
Aquella mañana debían debatir en clase un libro de obligada lectura para los aprendices de socialista: Míster X y los 40 supermaricones. La trama del libro era sabida por Jaimito de manera exhaustiva, sin embargo, a pesar del conocimiento teórico de la materia, le asustaba pensar en la puesta en práctica de tan elevados conocimientos.
Todos los estudiantes sabían que dentro de algunas aulas del establo se encontraban auténticos zoos vivientes que serían utilizados como parte sustancial de su aprendizaje.
A Jaimito su amigo Wilson le había contado que en una ocasión le habían introducido una culebra y había salido por su oreja derecha. Según Wilson, el día más feliz de su vida.
Turbado con ciertos pensamientos estrictamente educativos, Jaimito recordó que hasta la tarde no había sesiones prácticas, con lo que volvió a respirar aliviado. Las siguientes horas se cubrirían con la lectura del libro Socialismo y Trashumancia. Aspectos ovinos y con el repaso de artículos de la revista Globalhorse, con ilustraciones fálicas a todo color.
(Continuará)
(o no)
Mayo 29, 2007 a las 8:43 pm |
Entrañable imagen.
Para que luego no digan que todo en la juventud es mala hierba xD
Mayo 29, 2007 a las 9:15 pm |
Muy bueno.
Junio 1, 2007 a las 5:52 pm |
Oye, ZPorky, ¿por qué has cerrado tu blog?
Agosto 31, 2007 a las 8:45 am |
Pedazo foto, nene…