
Huber Matos, que luchó bajo las órdenes del argentino en Cuba, habló a VEJA sobre el fracaso de Che como comandante: “La lucha fue difícil en la primavera de 1958. El frente de comportamiento más desastroso fue el frente del Che. Pero eso no lo afectó, porque era el favorito de Fidel, que nos impedía de discutir abiertamente el trabajo flojo de su protegido como guerrillero”. Poco después del triunfo de la guerrilla, al percibir las primeras señales de tiranía, Huber renunció a su puesto en el gobierno revolucionario e informó que volvería a ser profesor. Preso dos días después, pasó veinte años en la cárcel. Vive hoy en Miami. A la moda soviética, su imagen fue removida de las fotos hechas durante la entrada solemne en la Habana, en que aparecía al lado de Fidel y Camilo Cienfuegos, otro comandante no comunista desaparecido en circunstancias misteriosas en los inicios de la revolución.
Nombrado comandante de la fortaleza de La Cabaña, para donde eran llevados los presos políticos, Che Guevara la convirtió en campo de exterminio. En los seis meses bajo su comando, dos centenas de desafectos fueron fusilados, siendo que apenas una minoría era formada por torturadores y otros agentes violentos del régimen de Batista. La mayoría era sólo gente incómoda.
Napoleón Vilaboa, miembro del Movimiento 26 de Julio y asesor de Che en La Cabaña, cuenta ahora haber llevado al gabinete del jefe, un detenido llamado José Castaño, oficial de inteligencia del Ejército de Batista. Sobre Castaño no pesaba ninguna acusación que pudiera producir una sentencia de muerte. Fidel llegó a llamar por teléfono para Che, para declarar a favor de Castaño. Demasiado tarde. Mientras daba vueltas alrededor de su mesa y de la silla donde estaba el militar, Che sacó la pistola 45 y lo mató allí mismo con balazos en la cabeza. En otra ocasión, Che fue procurado por una madre desesperada, que imploró por que soltaran su hijo, un niño de 15 años preso por pintar muros con letreros contra Fidel. Un soldado informó a Che que el joven sería fusilado dentro de algunos días. El comandante, entonces, ordenó que fuese ejecutado inmediatamente, “para que la señora no pasara por la angustia de una espera más larga”.

