
Estoy pensando, cuidado...
Pocos días después de que un tal Krugman se permitiera esbozar una leve caricatura de la situación real de la economía en España, la izquierda española vuelve a poner a cada uno en su sitio y una de sus más eminentes figuras, secretario general del sindicato UGT, vuelve a resolver nuestra situación de crisis de manera magistral, como ya hiciera hace muy poco un tal Cayo Lara.
Ante las afirmaciones de Krugman de que España es un país caro y poco competitivo, el camarada Cándido le demuestra que es justamente lo contrario: “debemos ir hacia la semana laboral de cuatro días“. Quiere decirse que competitividad nos sobra y todavía hay margen para que los precios suban todavía más. Y más ahora, que con el pastón que se cobra del desempleo cualquier capricho se hace accesible.
Y no sólo eso, en la entrevista que le hacen habla de la fracasada semana de 35 horas en Francia: “la aplicación de las 35 horas fue un éxito y sirvió para que muchas empresas mejorasen sus mecanismos de gestión“. Sí, debió ser de los mecanismos de gestión de los días no hábiles, porque es difícil de entender la mejora de otra manera.
Ahondando en su maestría en la disección de los males que aquejan a trabajadores y empresas de España, nos dice: “somos el país de la antigua UE de quince países con la jornada laboral más larga y, sin embargo, somos el más improductivo. Tenemos esa contradicción, que denota una gestión ineficiente del trabajo. Esto provoca síntomas laborales como la tensión o el del trabajador quemado“. Deténgase mi querido lector a releer esta inquietante parrafada, propia de quien ha dedicado toda su vida a trabajar sin desmayo y elabora sus ideas desde una profundidad intelectual que a veces resulta inescrutable.
Fijémonos en la compleja manera de razonar del camarada Cándido: como somos improductivos ergo gestión ineficiente del trabajo.
De la manera en que se formula da a entender que hay trabajadores que en sus horas de trabajo no producen porque permanecen inactivos debido a un ineficiente reparto de tareas causado por la ejecución de un diagrama de flujos productivos diseñado de forma errática y creado a espaldas de los más elementales criterios de eficiencia económica. O algo así.
Aquél que piense que el trabajador no trabaja por pura vagancia se equivoca – y si no que le pregunten a cualquier liberado sindical amiguete de Cándido-. Y no digo nada de aquél que pueda llegar a plantearse si no será que ese trabajador debe ser suprimido para que le empresa pueda llegar a ser más productiva.
Continuando la reflexión de Cándido, las conclusiones se tornan cada vez más claras y precisas: como hay gestión ineficiente del trabajo ergo síntoma laboral. Por ejemplo, trabajador jugando al solitario en su PC = tensión. O también, trabajador leyendo el periódico = trabajador quemado.
Y claro está, es una auténtica catástrofe que esa gran fuerza de trabajadores deseando producir más, auténtica columna vertebral sobre la que cimentar el progeso productivo de España, se desaproveche absurdamente. Solución: trabajar un día menos = no tensión = trabajador contento = aumento productividad = España gana. Viva España!!! Viva siempre!!!
Habiendo quedado acreditada la inapelable lógica de las consideraciones del camarada Cándido, queda pendiente resolver el concepto de ‘síntoma laboral’. ¿De qué es síntoma el síntoma laboral? ¿De trabajo? Es decir, un trabajador que no trabaja puede llegar a ser síntoma de trabajo, si nos ajustamos a las certeras explicaciones de este corsario de la subvención. Y esto es algo que nos debe llevar inequívocamente a afirmar que en España el que no trabaja es porque no quiere -y ni con ésas!!!.
Siguiendo con su fino análisis del trabajo, los trabajadores y sus múltiples síntomas, Cándido finaliza con una floritura filosófica de carácter económicolaboral: “el déficit es un factor instrumental para proteger a los trabajadores“. Yo creo, más bien, que si analizamos las cosas desde esa perspectiva, a los que sí que protege el déficit es a los que no trabajan, ¿verdad, Cándido?