

Hay que reconocerlo, la final de la Copa del Rey de España de fútbol ha actuado como catalizador para desenmascarar, una vez más, la cantinflesca trama que une deporte y política en España desde que el nazionalismo catalán se apoderara de un club de fútbol como máxima expresión propagandística de su ser.
El binomio deporte-política ya fue suficientemente explotado en el siglo pasado, predominantemente por nazis y soviéticos. En la actualidad, la comunista China y el progresista F.C. Barcelona son los máximos exponentes de utilización del deporte como arma propagandística para tratar de imponer una ideología.
A muchos puede sorprender que esta forma de hacer política, principalmente ligada a dictaduras, sea utilizada en una pequeña región de España. Pero si alguien se sorprende es porque no tiene ni idea de lo que realmente acontece en la zahúrda nazionalista catalana.
El nazionalismo catalán, en su escaso siglo de patética historia, ha estructurado su mensaje a través de un sinfín de mentiras cruzadas con un enfermizo complejo de inferioridad con todo lo relacionado con Madrid-Castilla-España. La idea es clara: generar odio. Un odio inextinguible, ya que su ‘lucha’ se basa en mitos, invenciones y miedos propagados por el ancho mundo con el fin de enrolar para su causa a fanáticos, ignorantes y tontos de kojones.
Nos encontramos claramente ante un trastorno mental fuera de toda duda, algo que ya ha sido clínicamente estudiado:
A través de la exageración o de la invención de historias o anécdotas, los mitómanos adoptan una posición que les hace parecer más importantes, afortunados, ricos o inteligentes.
La mitomanía, también conocida como pseudología fantástica, es un trastorno psicológico que consiste en mentir de forma patológica. Afecta a personas con un nivel de autoestima muy bajo, por lo que mienten para llamar la atención con sus invenciones sobre grandes gestas o dramas personales. Es un trastorno infrecuente que puede asociarse a otras patologías, como la psicopatía o el trastorno histriónico de la personalidad. El problema estriba en que no es habitual que los afectados busquen tratamiento psicológico, que requiere siempre la colaboración activa del paciente.
De hecho, como bien se encarga el nazional-culerdismo de propagar, el Barça es ‘más que un club’. Es decir, antes de empezar a jugar, los culerdos ya son más que los demás. Puro delirio de soberbia y prepotencia nazionalista.
Como bien he dicho antes, la mezcla de embustes unidos al complejo de inferioridad dan lugar a esta enfermedad nazionalista. El nazional-culerdismo, desnudo ante cualquier persona medianamente formada, sólo puede apelar al fanatismo de sus seguidores para conseguir mantener su estatus. .
Una vez que se ha instituido el odio como piedra angular de ese proyecto político, debe intentar perdurar en el tiempo del único modo que sabe: con más mentiras. La farsa nazionalista sabe perfectamente que no debe invocar la inteligencia y el raciocinio de sus seguidores, sino continuar con lo que siempre han hecho: insuflar odio. El objetivo es llevar el debate hacia la parte sentimental, obligar al seguidor nazionalista a rebuscar entre sus instintos más primarios para enfrentarse a un enemigo ficticio. Es decir, sacar a flote la animalidad que todo nazionalista lleva dentro.
De ahí, sin duda ninguna, viene el invento del burro catalán. Seguramente lo único acertado que el nazionalismo catalán ha hecho durante todos estos años: ¡¡identificarse con un burro!!
Por este motivo, y con la intención de evitar malentendidos y facilitar la comprensión, de aquí en adelante hablaremos de burrocatalanes o nazionalistas catalanes . Como cualquiera sabe, no todos los catalanes son nazionalistas, ni tampoco todos los catalanes son seguidores de la Far$a futbolística. Aunque ya le gustaría a esta chusma hacerlo obligatorio.
Para poder entender la cópula existente entre el FC Barcelona y la imaginaria nazión catalana o Burrocatalonia, debemos adentrarnos en varios aspectos clave de la farsa nazional-culerda:
1. Mentiras históricas
1.1 De la zahúrda nazionalista
Cataluña nunca ha sido una nación. Ni un país. Ni nada similar. El nazionalismo catalán es un invento de hace apenas un siglo. Una tomadura de pelo en toda regla. Cualquiera que haya leído al respecto sabe que es una mentira orquestada por unos pocos con el único fin de conseguir dinero y poder, nada más.
Iba a escribir un pedazo de tocho al respecto, pero un querido catalán me lo ha ahorrado:
En el colegio nos explicaban la historia de las cuatro barras, pintadas por el emperador franco con la sangre de Vilfredo el Velloso sobre un escudo o tela de color amarillo-dorado: así nació la Senyera. Los domingos por la mañana, bailaban sardanas en la plaza de la Iglesia y era una gozada ver juntos en un mismo círculo a abuelos y nietos cogidos de la mano.
En Navidad, hacíamos cagar el tió, y poníamos un caganer con barretina en el Belén. Así, disfrutábamos de una verdadera Navidad catalana como Dios manda.
En primavera, nos calzábamos las botas chirucas e íbamos al Pirineo, a disfrutar de nuestras montañas y cordilleras, de nuestra tierra.
Celebrábamos La Diada para no olvidar nuestra derrota como pueblo contra Felipe V y los españoles.
Somos un pueblo trabajador, con seny, diferente del resto. Tenemos La Caixa, el RACC, los Mossos d’Escuadra, y los Ferrocarriles Catalanes. ¿Qué más queremos? Pues volem, volem, volem… [canción-eslógan: “volem, volem, volem, volem la independència, volem, volem, volem, Països Catalans”: queremos la independencia, queremos Países Catalanes].
Pero la verdad no puede esconderse siempre. Te vas de Erasmus a Londres y descubres que existe vida más allá de nuestro pequeño planeta catalán. Que de trabajadores y con seny también hay en otras tierras. Que La Caixa no es tan importante en comparación con, por ejemplo, el Commercial Bank of China. Que sólo una ciudad como Shangai tiene 20 millones de personas (tres veces toda Cataluña).
Descubres la verdad: Que aquello de las cuatro barras de Guifé el Pilòs era sólo una leyenda, un mito, sin fundamento histórico: ni Guifé fue contemporáneo del rey franco, ni tampoco había uso de la heráldica en aquel siglo. Además, hasta la unión en Aragón, el emblema de los Condes de Barcelona fue la Cruz de Sant Jordi (la cruz roja de Gules sobre Plata).
Descubres que la sardana se la inventaron a finales del s. XIX. Fue un tal Pep Ventura, que tampoco se llamaba Pep sino José, nacido en Alcalá la Real, provincia de Jaén, e hijo de un oficial del ejército español. Se la inventaron porque no podía ser que la jota de Lérida o del Campo de Tarragona fuera baile “nacional”. Y tampoco lo podía ser el baile denominado L’Espanyolet. Por esto se inventaron la sardana a a finales del s. XIX: para crear una identidad nacional inexistente hasta entonces. La sardana, otro mito.
Descubres que en 1714 no hubo ninguna guerra catalano-española, que Cataluña no sufrió ninguna derrota bélica. Fue una guerra entre dos candidatos a la Corona de España, vacante desde la muerte de Carlos II sin descendencia: un candidato de la dinastía de los Borbones (de Francia) y otro de la de los Austria (de tierras germánicas). En todos los territorios de la Corona de España hubo austracistas y borbónicos, por ejemplo, Madrid, Alcalá y Toledo lucharon en el mismo lado que Barcelona. No fue en absoluto, como nos intentan vender, una guerra de secesión sino de sucesión: y ningún bando aspiró nunca a romper la unidad dinástica entre Castilla y Aragón, ni la separación de Cataluña. La Diada, otro mito.
Descubres que el caganer del Belén es una “tradición” que no se generaliza hasta el siglo XIX, como la sardana. Y el tió, otra milonga identitaria y absurda. La Navidad Catalana, otro mito.
Te das cuenta de que nos han tomado el pelo. No nos han educado sino adoctrinado. Que nos han alimentado sin darnos cuenta de una “ideología total”, que lo abarca todo: sirve de excusa para anteponer los derechos colectivos sobre los individuales y así pisotear los derechos de las personas, sirve de excusa para moldear la Historia al gusto de esa ideología, sirve de excusa para determinar qué está bien y qué está mal.
Te das cuenta de que nos han adoctrinado en mitos, leyendas, mentiras. Que han construido y falseado la realidad para fundamentar su ideología.
1.2 De la cuadra culerda
El Fútbol Club Barcelona siempre ha tratado de justificar sus derrotas con una mezcla de victimismo y soberbia. De esta manera siempre se sobreentiende que sus derrotas nunca fueron por culpa propia. Para el nazional-culerdo es incomprensible que el Barcelona no gane.
Para el nazionalismo catalán Cataluña es el pueblo elegido, una especie de judíos pirados que viven al sur de los Pirineos. El seguidor del Barça también piensa que su club es el equipo elegido por los dioses para liderar el planeta fútbol. Todo lo que no sea eso será consecuencia de un complot de Franco-Aznar-los árbitros-y su reputísima madre, cuya consecuencia inmediata es la derrota sentimental y real de la nazión catalana. Algo, sin duda ninguna, intolerable.
Cualquier excusa es buena, basta con tamizarla adecuadamente a través de los distintos y numerosos tentáculos propagandísticos del nazional-culerdismo. Toda vale por disparatado que sea.
Bien, refresquemos la memoria a los más despistados: acabada la guerra civil, durante los primeros años de gobierno franquista, aquéllos en que la represión contra los vestigios del heroico bando de los matacuras y violamonjas fue mayor, los resultados de la liga española fueron los siguientes:

Franco y los culerdos: una historia de amor
Temporada 1939/40
Campeón de Liga: Atlético de Aviación
Campeón de Copa: C.D. Español
Temporada 1940/41
Campeón de Liga: Atlético de Aviación.
Campeón de Copa: Valencia
Temporada 1941/42
Campeón de Liga: Valencia
Campeón de Copa: F.C. Barcelona
Temporada 1942/43
Campeón de Liga: Athletic Club.
Campeón de Copa: Athletic Club.
Temporada 1943/44
Campeón de Liga: Valencia
Campeón de Copa: Athletic Club
Temporada 1944/45
Campeón de Liga: F.C. Barcelona
Campeón de Copa: Athletic Club
Temporada 1945/46
Campeón de Liga: Sevilla
Campeón de Copa: Real Madrid
Temporada 1946/47
Campeón de Liga: Valencia
Campeón de Copa: Real Madrid
Temporada 1947/48
Campeón de Liga: F.C. Barcelona
Campeón de Copa: Sevilla
Temporada 1948/49
Campeón de Liga: F.C. Barcelona
Campeón de Copa: Valencia
Temporada 1949/50
Campeón de Liga: Atlético de Madrid
Campeón de Copa: Athletic Club
Temporada 1950/51
Campeón de Liga: Atlético de Madrid
Campeón de Copa: F.C. Barcelona
Temporada 1951/52
Campeón de Liga: F.C. Barcelona
Campeón de Copa: F.C. Barcelona
Temporada 1952/53
Campeón de Liga: F.C. Barcelona
Campeón de Copa: F.C. Barcelona
Temporada 1953/54
Campeón de Liga: REAL MADRID
Campeón de Copa: Valencia
Pero ahí no queda la cosa:
el Barça ganó más copas del Generalísimo durante la Dictadura que nadie, el Madrid apoyó a la Familia Real en el exilio de Lausana y la Barcelona republicana negó el pan y la sal al Madrid de 1936.
Franco recibe la primera medalla de oro del Fútbol, Club Barcelona en 1971 tras la inauguración del Palau Blaugrana y del Palau de Gel, financiados por el Estado con 42 millones de pesetas a fondo perdido. En 1974, el presidente Agustín Montal impone la segunda medalla de oro del club al primer culé de España,dada su condición de Jefe de Estado, con motivo del 75 aniversario de su fundación.
La Copa del Generalísimo echa a rodar en plena Guerra Civil, 1938, y concluye con la muerte del general en 1975. Durante el franquismo y/o bajo la dictadura, el Barcelona es el equipo que conquista más copas del Generalísimo: 9 trofeos. Curiosamente, el Athletic de Bilbao, otra entidad que tiene como timbre de gloria el nacionalismo de su cantera , obtiene 9 galardones.
Sí, amigüitos, mientras don Santiago Bernabéu ponía la cara para que se la partiera el régimen franquista allá por 1956, es decir, en pleno franquismo, los adalides de las libertades, del progreso, de la democracia… es decir, los culerdos, entregaban a un Franco moribundo la medalla de honor del club en 1971. Y para demostrarnos que no estamos equivocados, en 1974, con un régimen agonizante, le concedieron una segunda medalla. En fin: ¡viva Franco! ¡Viva siempre!
2. El Barça, equipo nazional

J. Pujol, payaso mayor del circo nazional-culerdo
La confluencia del nazionalismo y el culerdismo ha terminado provocando un delirio fantasioso y alucinógeno entre la grey burrocatalana. La invención de una nazión por arte de birlibirloque conlleva la necesidad de creación de una épica, de una gestas sobre las que sentirse orgulloso, sobre las que asentar un discurso triunfalista, en definitiva, el reemplazo a batallas no ganadas, a guerras no luchadas, a conquistas nunca alcanzadas. Aquí es donde el papel del F.C. Barcelona es fundamental: sus victorias son los triunfos de la nazión catalana.
El antiguo presidente nazionalista de la Generalidad, Jordi Pujol, de los Pujol de toda la vida, no deja lugar a dudas:
“Catalunya no tiene una selección de fútbol, pero el equipo nacional de Catalunya es el Barça”. El Barcelona es, a falta de selecciones oficiales, el “equipo nacional de Catalunya” por su “identificación total” con la identidad, cultura e intereses catalanes.
Pujol, el presidente catalán más longevo, explicó en el programa ‘La nit al lloro’ de Barça TV que el vínculo entre el club blaugrana y Catalunya es “total”.
Debemos pararnos aquí para reconocer que estos comentarios, compartidos inequívocamente por absolutamente todo el conglomerado nazional-culerdo, son absolutamente nazis. Implican la negación de la existencia de todo aquél que no sea seguidor del Barça. Existe un único sentimiento, una única unidad de destino, una única nazión. La disidencia supone la conversión en apátrida. No hay lugar para el diferente, sólo existen los ‘nuestros’. Los demás no son más que figurantes de relleno en un cuadro para el que nadie los ha llamado.
De hecho, el nazional-culerdismo se ha apropiado de la bandera regional catalana como símbolo distintivo, de manera totalmente excluyente: el que no es del Barça, no es catalán. El régiment totalitario que pergeña el nazionalismo actual utiliza esta identificación como base de su proyección internacional. Pura propaganda .
Como derivada de todo esto, lógicamente, si el Barça es tu equipo nazional, España no puede ser tu equipo nacional. Ése es el mensaje. Política y deporte colaborando en la creación de una realidad paralela, de un universo nazional-culerdo, donde quien reniegue de esta farsa es tachado de enemigo inmediatamente. Y no de enemigo cualquiera, sino de enemigo nazional. La chusma nazional-culerda denomina en su peculiar jerga a esta gente como ‘fachas’.
Y para muestra, un botón.
Y si alguien no ha acabado todavía de captar el concepto, qué mejor que reproducir las palabras de Piqué tras el partido R. Madrid-Barça que precedió a la final de copa, donde este brillante jugador de la selección española de fútbol refleja claramente el nivel de paranoia que se vive en el mátrix burrocatalán:
“¡Españolitos, ahora os vamos a ganar la Copa de vuestro Rey”
3. Lenguaje nazional-culerdo
La doctrina nazional-culerda tiene muy claro que la propaganda es un medio fundamental para conseguir sus objetivos: deformar la realidad es imprescindible para que esta farsa se perpetúe en el tiempo.
A pesar de la dificultad que entraña intentar desenmarañar esta ciénaga de clichés y lugares comunes de la retórica nazional-culerda, voy a intentar hacerlo de manera muy sencilla, como ejemplo que puede ser reproducido exponencialmente según interese a la escoria dirigente.
Bien, hagamos lo siguiente, cojamos de la zahúrda nazionalista estos términos: caspa, rancio, moderno. Y de la cuadra culerda los siguientes: humildad, respeto, prepotente. Ahora atribuyamos esos adjetivos a la persona o cosa que queramos. Y repitámoslo hasta el infinito, hasta que al mencionar ese adjetivo lo relacionemos de forma refleja, unívoca e inequívoca con la persona o cosa predeterminada. Además, debemos dotar a esos adjetivos de categoría de exclusividad hacia esas personas o cosas, es decir, esos atributos no pueden recaer sobre nadie más, con la cicatera intención de que sus antónimos recaigan en el opuesto a la persona o cosa predeterminada.
En otras palabras: caspa-España, rancio-España, moderno-Cataluña; humilde-Barça, respeto-Barça, prepotente-RMadrid. Ahora crucemos a nazionalistas y culerdos: caspa-RMadrid, rancio-RMadrid, moderno-Barça; humilde-Cataluña, respeto-Cataluña, prepotente-España.
Y ahora añadamos otras palabras clave en esta farsa: imperialista, solidario, fascista, chulo, … Y a partir de aquí ya podemos quemar banderas españolas, pitar al himno español, prohibir el idioma español en Cataluña, asaltar sedes de partidos disidentes, prohibir los toros y, por supuesto, después hacernos las víctimas. Así de sencillo. Sólo hace falta tener la infraestructura propagandística necesaria. Y esa infraestructura existe. Subvencionada, sí, pero operativa al 100%.
4. Prensa nazional-culerda. Cuadernos de guerra

Luis Mascaró, un Goebbels con gafas
Si hay algo que distingue a la prensa nazional-culerda es su uniformidad, su homogeneidad. Parece como si la inmensa mayoría de los periodistas fueran intercambiables. Nadie notaría la diferencia. Además de por eso, se caracterizan por haber perdido hace tiempo el sentido de la vergüenza. Y de la decencia. Se han convertido en una especie de pirados fanáticos que están dispuestos a escribir lo que sea con tal de ‘ayudar’ a la nazión catalana y al Barça.
Las referencias hacia el grado de chaladura de la prensa nazional-culerda serían interminables, por eso me voy a centrar en la final de Copa del pasado miércoles.
Para poder comprender la situación prebélica que rodeaba a ese partido, debemos hacer referencia a un artículo de Luis Mascaró, columnista del diario Sport, diario de tirada nacional -no sólo nazional- escrito en español -¡viva España!¡Viva siempre!-:
La final de hoy no es una final de Copa cualquiera. Es la final de Copa más importante que ha jugado el Barça en toda su historia. Ninguno de los 25 títulos conseguidos hasta ahora por el club blaugrana en los 109 años de competición han tenido tanta trascendencia deportiva y mediática como el que va a tener éste. Porque esta noche hay en juego mucho más que un trofeo. Se dirime la supremacía de un estilo, de un modo de entender el fútbol. Y, especialmente, un modelo de comportamiento dentro y fuera del campo. El Barça debe ganar esta Copa para aumentar su palmarés, para que el proyecto de Guardiola sea todavía más triunfal, para asegurarse el doblete y encaminarse hacia el triplete, para dejar al Madrid en blanco… Pero, sobre todo, para evitar que gane Mourinho, para evitar que gane la crispación, la caverna mediática, la manipulación, la mentira. La final de esta noche es la batalla final entre el bien y el mal. Entre la educación y la mezquindad. Entre el amor y el odio. Por eso, el Barça no nos puede fallar.
Una victoria blaugrana significaría, desde el punto de vista estrictamente deportivo, el triunfo de la excelencia futbolística, representada por jugadores formados en la cantera, con ADN culé, con un modelo basado en el buen trato del balón y la ambición ofensiva. El espectáculo en estado puro. El Barça ha dignificado el fútbol con las aportaciones que Guardiola ha realizado al estilo de Michels, Cruyff o Rijkaard. Pero también con el arte que imponen especialistas de este estilo como Xavi, Iniesta o Messi. La antítesis de lo que representa, en estos momentos, la propuesta que ofrece el Madrid de Mourinho. Los blancos apuestan por un fútbol ruín, defensivo, basado en el patadón a seguir, el choque y las jugadas a balón parado. Un fútbol en el que predomina la fuerza física sobre la técnica. Donde gana el que es más fuerte, más alto y más rápido, no el que es más bueno. Mourinho ha desvirtuado el fútbol hasta convertirlo en una guerra de guerrillas que se inicia en las ruedas de prensa y que no se acaba nunca. Un fútbol que busca la complicidad del entorno para desestabilizar al rival, por lo civil o por lo criminal. Y eso es lo que debe evitar el Barça con su victoria. Una victoria clara, rotunda, indiscutible.
No me quiero ni imaginar lo que significaría un Madrid campeón con Mourinho, Cristiano Ronaldo y las huestes cavernarias cabalgando por Cibeles. Nos intentarían inocular por vía intravenosa la doctrina del `nacional madridismo¿ que ellos defienden con esa vehemencia tan propia de los talibanes. Una doctrina que no rehuye el enfrentamiento y que aboga por la zafiedad y las malas maneras. Que esta doctrina se viera recompensada con una victoria en la final de la Copa sería el peor favor que se le podría hacer al fútbol. Y al sentido común.
Como se puede apreciar, más que un artículo deportivo, parece un editorial del Völkischer Beobachter, la obra de un pirado para quien el deporte es un brazo más de la política.
Y el Barça perdió. Y de esta forma, un sentimiento, una nazión, una forma de entender la vida, una forma de ser y blablablá, volvieron a ser derrotados públicamente. Un auténtico holocausto.
Y tras la derrota, las secuelas de la batalla, un auténtico mátrix donde la propaganda nazional-culerda intenta sumergirnos en un laberinto con una única salida: el Barça, más que un club, una forma de jugar, de ser, siempre gana. Su derrota sería la de la nazión catalana, y eso es imposible.
La mezcla de victimismo, mala baba, mentiras, medias verdades, soberbia y cara dura se convierte en supuesto escudo protector de la doctrina nazional-culerda.
“Este Barça es tan grande que puede permitirse el lujo de perder una final y seguir siendo el mejor equipo del mundo (…) el Barça debe demostrar por qué es el equipo más admirado del mundo”
J. Vehils, Sport, 21/04/11
“Undiano Mallenco llegó tarde con sus tarjetas. Si hubiera querido, Pepe hubiera durado en el campo lo que dura un libro en casa de Sergio Ramos (…) Su técnico le ordenó que pegara a todo lo que se moviera a su alrededor. Y así hizo (…) Pepe andaba suelto y era peligroso”
Sport, 21/04/11
“Pepe – Nota del partido: 5. Característica: enloquecido. (…) repartió como un ventilador. Tuvo una ocasión, en un cabezazo al palo. Tras el gol enloqueció un poco más”
Sport, 21/04/11
“El tocapelotas de Mourinho se llevó la Copa. (…) No pasa nada por mucho que los de la caverna mediática empiecen a sacar pecho (…) que Mourinho vuelva a sacar pecho y a relucir su prepotencia con esta victoria (…) No hay color entre uno y otro equipo, ni en juego, ni en filosofía ni en la madre que parió a uno y a otro (…) No pasa nada (…) aunque se trate de una Copa que se les debería caer la cara de vergüenza si al final el ‘Pep’ Team les deja tirados en la cuneta de la Copa de Europa, tal y como parece que así ocurrirá”
J.L. Carazo, Sport, 21/04/11
“Sonaba el ‘Qué será, será’ de la película de Hitchcock ‘El hombre que sabía demasiado’ justo antes de que banderas con el águila franquista y la pitada de la afición azulgrana saludaran el himno español”
S. Solé, Mundo Deportivo, 21/04/11
“El fútbol es fútbol y no ‘patada a seguir’”
Migueli, ex-jugador FCB, 23/04/11
“En la derrota también somos campeones”
S. Rosell, presidente FCB, 22/04/11
“El KO en la final de la Copa del Rey sólo es una derrota (…) Que ningún talibán de la caverna mediática diga que este proyecto blaugrana se ha acabado”
L. Mascaró, Sport, 21/04/11
Creo que estas afirmaciones, siendo ya conscientes del modus operandi de la chusma nazional-culerda, se comentan por sí mismas. El grado de locura es evidente.
Conclusión
Todos los hechos objetivos apuntan a que los nazional-culerdos son más españoles que el porrompompero. Siendo esto inequívocamente así, su grado de locura sólo puede ir a más, no tiene solución. Únicamente los triunfos del Barça pueden mitigar su desazón por ser españoles. Sí, por patético que parezca, es realmente así. Infantiles y ridículos a partes iguales, son conscientes de que si esta farsa se acaba, también ellos desaparecerán.