
Las calles del barrio aparecían desiertas, como despertándose de un holocausto nuclear. Sólo una carpa de grandes dimensiones, que ocupaba la plaza principal del barrio, estaba atestada de gente, arremolinada entre ordenadores y timbales.
El zumbido de los generadores de gasoil, tan de moda en los últimos tiempos, tejía un manto sonoro que cubría el vecindario desde el primer al último asambleísta. La banda sonora de la democracia real podía escucharse a todas horas, era la llama prendida que recordaba que las acampadas seguían vivas.
Habían transcurrido ya muchos meses desde que Dolores llegara a su primera acampada. Desde entonces había pasado a ser parte integrante de la democracia misma, acomodando su espíritu revolucionario en las primeras comisiones feministas. La democracia así lo requería.
Pocas semanas después de la implantación efectiva de la democracia real había tenido lugar una asamblea on-line de carácter local/nacional/internacional en la que se trató el neofrikismo feminista. Aquella asamblea fue un éxito.
Como consecuencia de aquella asamblea, en la actualidad, los grupos de trabajo feministas, inspeccionados por la comisión mundial feminista, se ocupaban de aplacar la ansiedad sexual de cualquier varón que precisara de su ayuda. Era fundamental anular ese impulso animal en los hombres para impedir que el machismo ensuciara la sociedad de todos y todas. Trabajando en grupos de a dos, las feministas pretendían así transmitir una cierta aura de espiritualidad en su desempeño laboral, una especie de ying y yang hembrista. Es decir, una la chupaba y otra la cascaba.
Un camino similar había llevado a Fidel a la portavocía de la Comisión de Economía y Cerveza Fría. Fue durante una de las primeras asambleas de Sol, junto con un grupo de sabios, donde se gestó la idea de las ENGs, Empresas No Gubernamentales, que se habían convertido en la piedra angular sobre la que se asentaba el desarrollo económico de la democracia real. Un exitoso caso de derrota absoluta de los mercados y de triunfo de la ciudadanía.
- Sería bonito alcanzar el consenso -dijo Dolores.
- ¿En la asamblea o en la comisión? -pregúnto Fidel.
- En ambas, la democracia está en juego.
- Habrá que hacer más propuestas, no podemos quedarnos callados.
- Tienes razón, busquemos al portavoz.
- Allí hay uno, junto a aquel grupo de trabajo.
Y así, de la misma manera que en aquella primavera revolucionaria brotaba la democracia en las plazas, surgió el amor entre asamblea y asamblea. La democracia real comenzaba a dar sus frutos.
