Pese al lento aleteo de las gaviotas peperas, que comienzan a ventilar una atmósfera cargada de veneno rojo, la tenebrosa sombra del zapaterismo continúa contaminando los más insospechados rincones de nuestro ancho mundo. Y uno de los damnificados de esa triste realidad soy yo. Sí, como os lo cuento.
Hace meses, inmerso en una pequeña trifulca dialéctica en twitter, fui víctima del socialismo traicionero de don Armando Marcos, quien optó por bloquearme en la que, probablemente, haya sido una de las decisiones más desafortunadas en su ya dilatado peregrinar por este valle de lágrimas.
Un error de concepto, la tragicómica interpretación de sus propios postulados, la perturbada lógica de un demente abonado al autoengaño desembocaron en un bloqueo criminal que dura hasta este mismo momento, convirtiéndome inesperadamente en testigo privilegiado de una injusticia intolerable, de un ataque inmisericorde al mundo libre.
Desde aquel fatídico día nada ha vuelto a ser igual: don Armando se ha convertido en un tuitstar y su bloqueo no me deja más opción que retuitearlo de forma manual. En resumidas cuentas, un auténtico holocausto.
Por este motivo, y siendo consciente de que la delgada línea que separa civilización de barbarie puede comenzar a moverse mediante el simple uso de la opción bloqueo, me veo obligado a hacer un llamamiento a la desesperada para que don Armando reconsidere su postura. Quizá esta herida sin cicatrizar pueda derivar en un conflicto. Y los conflictos también pueden ser armados. Y nadie quiere que don Armando acabe siendo alcalde, evitemos más tragedias.
Si a lo citado anteriormente añadimos la imposibilidad manifiesta de comunicarme con don Armando a través de los cauces habituales, entenderéis que en esta situación límite no me quede otra alternativa que dirigirme a todos aquéllos que, imbuidos de un espíritu solidario ejemplar, quieran ayudarme a construir un mundo mejor. Hablad con él. Suplicad clemencia.
Tampoco me olvido de prevenir a todos esos bellacos que pretendan interpretar estas líneas como el merecido homenaje a quien emplea el mismo modus operandi que golfos y delincuentes: erráis con malicia. Yo sólo quiero volver a ser su amigo.
