EN TIERRA DE CAMPANARIOS (I)

La suya era una historia de estajanovismo mutante y poliédrico, algo que le permitía hacer gala de su madridismo en buena lid y ante el asombro generalizado.

Tras más de una década coleccionando las emisiones de cromos Panini de la LFP, la llegada del nuevo entrenador del Madrid había provocado sobre el susodicho una reacción cercana al hechizo.

El año pasado ya lo consiguió, y éste no podía evitar repetirlo: convertir el álbum de Panini al completo en una obra diseñada escrupulosamente para dar rienda suelta al culto al querido líder. Situación inevitable si tenemos en cuenta que en el interior del cuaderno sólo había pegados cromos de Mou. De arriba a abajo y de izquierda a derecha. De atrás hacia delante y de principio a fin. No había hueco en aquel álbum que no fuera cubierto con el sonriente rostro de Mou.

Sin embargo esta temporada, por motivos que Facun no alcanzaba a comprender, apenas podía conseguir cromos de su admirado portugués. El álbum de la 2011/12 se había convertido en un páramo de hojas desnudas que desprendían una tristeza desoladora, un vacío que estaba convirtiendo su vida en un infierno diario.

Había probado de todo para conseguir completar su particular colección. Su conexión de banda ancha le permitía trabajarse con rapidez meteórica multitud de foros, ofreciendo sus tesoros a cambio de sus ansiadas estampitas con la efigie del nuevo faro que guiaba sus pasos por este mundo.
Incluso probó a llamar a Panini, subastando a su propia madre a cambio de la colección completa de Mous. Se lo denegaron. Probó con su zorrita. Tampoco hubo suerte.

Escamado por tantas desagradables coincidencias, decidió dar un cambio de rumbo radical a la metodología usada para conseguir más cromos. Necesitaba ayuda profesional.

Sospechaba desde hacía un tiempo –prácticamente desde el primer día que Mourinho llegó a Madrid- que existía un complot a nivel mundial para dañar el buen nombre del director técnico del mejor club de fútbol de la Historia. Sabía que tenía que pasar a la acción para poner fin a ese oscuro y malvado contubernio de intereses antimourinhistas.

Ni corto ni perezoso agarró el periódico y buscó los anuncios clasificados. Tras varios minutos de lectura minuciosa de publicidad de señoras putas de su pueblo y provincia, le llamó la atención un reclamo enmarcado en un gris claro, cuyo texto interior aparecía salpicado como por una especie de polvo de estrellas:

Minaco&Calambuco
PrivateEye Agency
Sabadell – Spain

Desde el primer instante en que leyó aquellos nombres supo que esos dos tipos, fueran quienes fueran, habían nacido para ayudarle en tamaña empresa. No tenía dudas.

Consciente de que podría ser su última oportunidad para cerrar esta angustiosa etapa de su vida, cogió sus ahorros, los de sus padres y la visa de su abuela, y enfiló hacia la estación de autobuses de la villa que le vio crecer, sabedor de que sin su cuaderno Panini completado su existencia se había convertido en una cárcel de sueños de la que necesitaba imperiosamente escapar.

Subió al bus a la hora esperada, y mientras su pueblo desaparecía lentamente en el horizonte, derramó una lágrima sobre sus gafas de sol, emocionado de sólo pensar que en unas pocas horas entraría, por fin, en tierra de campanarios.

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