EN TIERRA DE CAMPANARIOS (II)

En cuanto puso pie en la ciudad condal Facun sintió buenas vibraciones. Imaginaba que los señores Minaco y Calambuco estaban ya al tanto del problema que le acuciaba, tras el mail que les había enviado durante el trayecto desde su pueblo, detallando con pelos y señales la rocambolesca historia de los cromos y la evidente cacería a todos los niveles que estaba sufriendo don José Mourinho.

No quería perder el tiempo, así que tomó un taxi a la puerta de la misma estación de autobuses. Al taxista le detalló la información que hacía rato tenía fotografiada mentalmente del mensaje que había recibido en su smartphone: “Centro de Estética Meritxell – Sabadell”. Lo conocía.

En un primer momento le escamó un lugar tan peculiar para quedar con aquellos dos detectives, pero el señor Minaco le inspiraba, de alguna manera, confianza.
No entraba en sus planes que finalmente dentro de aquel negocio estuvieran tumbados dos tipos sobre unos sillones reclinables. El primero tintándose el pelo de rojo; y el segundo leyendo las obras completas de un tal Capaldi. Y que, además, aquellos dos energúmenos fueran los que había venido a visitar desde tan lejos: Minaco y Calambuco.

Cuando Minaco se apercibió de que un chaval con una carpeta de cromos bajo el brazo y una camiseta de LQDM andaba con la mirada perdida por el salón de belleza, supo en seguida que se trataba de Facun. Le hizo un gesto con la mano y se incorporó, y a continuación se dirigió hacia él para abrazarle. Por fin se habían encontrado.

– Hola, tron, ¿qué tal tu padre? ¿Y tu madre?
– Bien, les hubiera gustado estar aquí contigo y con el señor Calambuco
– No es Calambuco, se trata de Basilio

Facun sintió de repente un pinchazo en el estómago. Notó cómo, sin previo aviso, se desmoronaba todo su proyecto. La baja de Calambuco suponía un serio revés a todas la esperanzas que había depositado en esta aventura donde tanto se encontraba en juego.

– ¿Pero qué ha pasado? No me puedo hacer a la idea de una pérdida de semejante calibre.
– Recibí una oferta irrechazable: lo cambié por un botijo y un Basilio. Hice el negocio de mi vida.
– En ese caso no se hable más: ¡¡Mou-Mou-Mou!!
– Vámonos

Salieron del local y Minaco desató la correa de un perro callejero que estaba amarrado a la puerta del negocio de belleza que dirigía su hermana.

– Es el sabueso de la empresa. Lo contrato por horas y responde al simpático nombre de Capaldi. Una vez encontró a Basilio en un descampado intentando hacer señales a los aviones que aterrizaban en El Prat. No te cuento más por el bien de tu salud mental.
Y dime, ¿has comprado ya la prensa de hoy? ¿Cómo va la guerra, nuestra guerra?
– Tienes razón, necesitamos toda la información que podamos conseguir.
– No te preocupes, mi buen amigo DeSqueran es quiosquero. Es un tipo muy informado. Intentaremos sonsacarle cuanto podamos.

Dentro del cubículo que hacía de quiosco encontraron a un tipo agazapado, rodeado por un sinfín de periódicos que parecían dibujar un anillo solar. Absorto en múltiples investigaciones, atento a cualquier detalle que pudiera ser pasado por alto por el común de los mortales, DeSqueran parecía encontrarse en su salsa.
Cuando advirtió que tres tipos muy raros lo estaban observando, se levantó de su silla y los miró fijamente.

– Hombre, Minaco, no te había reconocido. Pero si te lo tengo dicho, no vengas por aquí, ¡no te dejes intoxicar!
– Lo sé, lo hemos hablado en numerosas ocasiones. Pero esta vez es diferente. Dame el Sport y el Mundo Decapaldi.
– De acuerdo. Pero recuerda: toda precaución es poca. No lo olvides nunca.

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2 comentarios to “EN TIERRA DE CAMPANARIOS (II)”

  1. La Helite Says:

    Hola Socialista. Soy La Helite de Fans, no la copia barata que me ha hecho cagaldi en Cocolisoland, el tal “Helite”. Hazme caso, el tal Capaldi-Meritxell-Otorrino-Helite, etc, etc…. es un troll culé dedicado a reventar blogs blancos. Si quieres cualquier cosa me envías un mail al correo que sale en el comentario. Un saludo y Hala Madrid. Este año la décima.

  2. socialistahonrado Says:

    No te preocupes, antes o después acabaremos con la familia Capaldi. Es un tema de Seguridad Nacional. No estamos solos.

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