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EN TIERRA DE CAMPANARIOS (IV)

octubre 19, 2012

En cuanto hicieron pie en el interior del otrora castillo de la familia Capaldi fueron sorprendidos por una luz casi cegadora. Los carteles de neón se agolpaban en el interior de aquel complejo, y una multitud muy animada parecía disfrutar vivamente de aquellas relucientes instalaciones.

Decidieron entremezclarse con los allí presentes e, inesperadamente, Facun y sus escuderos fueron abordados por un tipo de traje y corbata con un puro en la mano.

– Me presento:  soy Joan Laputta, director del proyecto de embajada catalana en Eurovegas. Están ustedes presenciando la versión beta de tan magna empresa. Sólo nos falta llenarlo de putas para conseguir el plácet definitivo.

– ¡Pero no puede ser! Bajo este techo mi familia ha practicado exorcismos durante genereciones. ¡Es un ultraje! – exclamó Minaco.

Mientras presenciaba el rifirrafe entre Minaco y Laputta, Facun sintió que esa cara le resultaba familiar. Recordaba haberlo visto por televisión.  Al poco tuvo claro que se trataba de aquel celebérrimo playboy barceloní que se había visto implicado en una truculenta trama de la mafia culerda. Incluso recordó cómo un día subió, antorcha en mano, al castillo de Montjuic, acompañado por una legión de austracistas, reclamando barra libre de champagne en todo el Puerto Olímpico. En definitiva, un patriota muy a tener en cuenta.

– Muy a su pesar, señor…

– Minaco Capaldi – intercedió Minaco

– Señor Capaldi, como decía, muy a su pesar nos llevaremos la Sagrada Familia a Madrit. Ladrillo a ladrillo, o lo que quiera que sea esto. De esta manera conseguiremos dar visibilidad internacional a la opresión de la que somos víctimas por parte de los reyes de Castilla  y, al mismo tiempo, administraremos el mayor de los casinos de Eurovegas. Es un plan magistral.

Facun lo miró con una repentina cara de felicidad. Sabía que se encontraba frente a la clase de trilero que podría conseguirle los cromos que había venido a buscar. Iba por el buen camino.

Mientras se dirigían a una mesa con ruleta para probar fortuna, el tal Laputta comenzó una disertación sobre no se sabe qué país y unos campanarios. Decidieron darle unas monedas y dejarlo hablando solo. Se sentaron a la mesa y en el preciso instante en que Minaco apostaba al 13, un tipo embuchado en una sotana se sentó junto a ellos.

– Facun, soy el Socio. En cuanto he sabido de tu problema con los cromos, no he dudado en unirme a esta cruzada del mourinhismo. ¡Gloria y honor!

– ¿Y por qué vienes vestido de cura?

– Es lo más underground que he encontrado en el armario de mi padre. Bueno, eso y que, como líder espiritual del fansismo, me hace justicia.

– Resulta innegable, querido Socio – sentenció Facun.

Como era de esperar cuando el tipo de la sotana se sentó junto a la ruleta, ninguna de las apuestas dio resultados positivos. Ni siquiera la docena de intentonas al color que precedieron al momento en que se levantaron con cara de indignación de la mesa.

Probablemente ninguno de los que allí jugaban conocía los más que contrastados superpoderes del Socio, pero sin duda eso tampoco hubiera evitado que, ataviado en su sotana, comprobara cómo conseguía mantener su infalibilidad.

– Recientemente un par de madridistas de rancio abolengo han contratado mis servicios para que me ocupe de la remodelación del Barnabéu que pretende acometer Norman Foster. Que se vaya olvidando.

A pesar de que Facun sentía un gran interés por escuchar las siempre acertadas explicaciones del Socio, no pudo evitar desconectar al comprobar que, para su sorpresa, un sinfín de gatos se arremolinaba en torno a la figura de la sotana, mientras éste seguía explayándose en su pericia para casi todo tipo de trabajos. Movido por su natural curiosidad, Facun le inquirió acerca de la sinfonía de maullidos que estaban padeciendo en aquel templo de la diplomacia.

– Ah, no es nada. No te preocupes, resulta que ahora me persiguen los gatos negros. Se creen que les doy suerte, los hijos de mil putas. Me he convertido en una especie del flautisa de Hamelín de la providencia. This is Fans.

– La naturaleza es sabia, apreciado maestro – añadió Basilio.

Todavía conmocionado al ser testigo de esta perturbadora revelación acerca de los felinos, Facun levantó la cabeza y divisó, acercándose desde la entrada, a otro personaje a quien creía conocer: era DeSqueran. Armado con un periódico se dirigía con ritmo marcial hacia el grupúsculo, que todavía permanecía enzarzado discutiendo sobre las hazañas del Socio.

Al acercarse a este thin-tank itinerante del madridismo underground, desplegó el periódico, mostrando portada en formato sábana a doble página y, sostenido con su otra mano, un póster réplica de la portada anteriormente mencionada.

Todos los allí congregados pudieron apreciar con nitidez de qué se trataba. En la portada del periódico, sobre una foto a todo color de un eminente arquitecto, se exponían con crudeza unas durísimas declaraciones: “Estoy triste.”

DeSqueran miró fijamente al conducator del madridismo underground y le preguntó:

– ¿Es lo que sospecho?

Una mirada huidiza y un amago de sonrisa se sucedieron mientras el Socio se frotaba las manos. Finalmente clavó sus ojos en DeSqueran y le contestó:

– ¿Acaso lo dudas?

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